La endorfina del “enamoramiento”
Una noche conoces a alguien, te atrae físicamente,
pero ese día no os acercáis, simplemente os presentan, cruzáis cuatro palabras
y después de una noche de fiesta cada uno para su casa.
La siguiente vez que
vuelves a verle te vuelves a fijar pero esta vez prestas más atención de lo
normal a su comportamiento y su forma de hablar, es una especie de intento para
ver si a través de lo que dice captas su forma de ser… y otra vez no vuelve a
pasar nada. Y dicen que a la tercera va la vencida. Lo ves, bailáis, tomáis
unas copas y acabáis liados. Vale, hasta aquí puede ser cualquier tipo de
ligue, rollo, o como quiera que se llame ahora, porque cada uno lo llama como
le viene bien. A mí me gusta llamarle lío. Así que si te enrollas con alguien
quiere decir que te has besado solamente (para gustos los colores). Y se te has
liado con él quiere decir que te has acostado con él.
Me gusta llamarle lío,
porque después de “liarte” viene el lío mental. Ese lío mental que tenemos
todas las mujeres cuando nos acostamos con un hombre. Aunque una vez leí no sé
donde que cuando mantenemos relaciones sexuales con un hombre, el cerebro de la
mujer segrega y pone en funcionamiento una especie de endorfina que nos provoca
una sensación de bienestar y nos crea un vínculo mucho más íntimo hacia el
hombre que el que el hombre siente hacia nosotras.
Esta reacción química
daría explicación al porqué un hombre puede tener sexo de una noche sin ningún
tipo de quebradero de cabeza posterior, sin ligarse emocionalmente, sin tener
ningún tipo de enganche emocional. La mujer está atrapada por su propio
desarrollo bioquímico que le crea una especie de dependencia, como un vínculo
de relación más intensa que la de una simple noche loca. Una sensación de
enamoramiento, de creer conocer mucho mejor a esa persona, de haber llegado a
un nivel de intimidad máximo, de querer algo más con esa persona.
Entonces, según esta
teoría, te puedes liar con alguien una noche y acabar “enamorada”… pues después
de mucho pensarlo creo que es mucho mejor o más romántica la forma tradicional.
Conocer a alguien, encontrarle sus defectos y sus virtudes, contarle tus cosas,
ir enamorándote poco a poco, igual que la otra persona de ti, y al final… lo
que tenga que ser será.
Con esto no quiero decir
que esté en contra de los líos de una noche, al contrario, hay que liarse con
quien se quiera y/o se pueda (siempre que sea sexo seguro, claro). Ya que se
hace es bueno estar prevenidas y saber que el “enamoramiento” que sufres
después de acostarte con alguien es pura química. No proviene de las emociones.
De hecho, si te paras a pensarlo es de pura lógica que no te puedes enamorar de
alguien a quien acabas de conocer, si ni siquiera sabes cómo es. Bueno al
menos, yo para enamorarme de alguien tengo que conocerlo. El físico no me
importa para nada y no lo digo como un tópico, cualquier persona que me conozca
y sepa las relaciones que he tenido puede corroborarlo. Yo me enamoro de la
persona, de su forma de ser, de actuar, de pensar, de su inteligencia e
ingenio. Pero, sobretodo lo que más me gusta en una relación es que puedas aprender
de tu pareja tanto como tu pareja de ti. Y esto es muy difícil averiguarlo en
una sola noche en la que precisamente conversar no es lo que más se ha hecho.
Ahora que sabemos lo que
pasa en nuestro cuerpo, quizá podemos actuar como ellos, tener sexo sin
remordimientos, por el puro placer de tener una relación sexual con alguien sin
más. Sin sentimientos ¿no es así?